jueves, 7 de julio de 2011

Leyendo una gran libro de química orgánica, de hecho más grande y grueso que una biblia católica, fue alegría y  asombro lo que encontré:

<<Estaba sentado, escribiendo mi libro, pero el trabajo no progresaba. Mis pensamientos estaban lejos. Moví la silla hacia el fuego y dormité. Los átomos nuevamente brincaban ante mis ojos. Esta vez los grupos más pequeños se mantenían modestamente al fondo. Mi ojo mental, agudizado por las repetidas visiones de este tipo, podía ahora distinguir estructuras mayores de muchas conformaciones: largas filas, a veces muy apretadas, girando y retorciéndose como serpientes. Pero, ¿Qué fue eso? Una de las serpientes habría logrado asir su propia cola y la figura danzaba burlonamente ante mis ojos. Desperté por el destello de un relámpago;… pase el resto de la noche desarrollando las consecuencias de la hipótesis. Señores, aprendamos a soñar y quizás, entonces, aprendamos la verdad.>> Friedrich August Kekulé.

Al parecer no esta mal que me pierda en mi imaginación y que mis ideas lleguen a mi cabeza como lluvia de meteoritos, haciendome perder por un momento de la realidad y de los caminantes.

“APRENDAMOS A SOÑAR, ASÍ PODREMOS ENCONTRAR LA VERDAD, PERO GUARDÉMONOS DE PUBLICAR NUESTROS SUEÑOS HASTA QUE HAN SIDO PROBADOS POR ENTENDER EL DESPERTAR " F.K

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